La historia de la medicina nos aporta informaciones sobre la eficacia de la autohemoterapia, descubierta por primera vez tras observar en personas que habían sufrido una herida contusa con formación de hematoma, la desaparición de otras afecciones durante el proceso de reabsorción del hematoma. En sus comienzos, la autohemoterapia consistía en la extracción de una pequeña cantidad de sangre del paciente, que era inmediatamente reinyectada por vía intramuscular. Procediendo de este modo se creaba artificialmente un hematoma. Se tenía la creencia de que esta inyección, dirigida contra las “fuerzas patógenas” de la sangre, activaría las “fuerzas defensivas” de la propia sangre. En épocas posteriores la autohemoterapia se modifico y perfeccionó de muchas formas, por lo que la primitiva autohemoterapia tiene actualmente aplicación con buenos resultados como terapia de estimulación o de activación inespecífica en el tratamiento de muchos casos, por ejemplo, el acné.
La terapia “auto-sanguis” en fases de Reckeweg representa una forma especial de autohemoterapia. Este método terapéutico se ha desarrollado sobre la base de la homeopatía, en conjunción con la homotoxicología de Reckeweg, habiéndose logrado una eficacia excepcional en el tratamiento de las más diversas enfermedades crónicas y degenerativas en la práctica diaria como, por ejemplo, asma bronquial, eczemas, lesiones hepáticas y muchas otras
Según la teoría homotoxicológica de Reckeweg, prácticamente todas las enfermedades pueden definirse como reacciones de defensa del organismo contra las toxinas o bien como expresión de los daños causados por las mismas. Se deduce de esta aseveración que la sangre de cada enfermo contiene las toxinas patógenas (homotoxinas) típicas de la enfermedad que sufre.
Según Reckeweg, mediante la extracción de sangre del propio paciente con potenciación homeopática en varios grados de dilución y su posterior reinyección, se pueden transformar estas toxinas patológicas en un eficaz agente terapéutico homeopático que, conforme a la le y de Arndt-Schuiz y en virtud de un efecto inverso, estimula las defensas del organismo, propiciando la destoxificación y favoreciendo así la curación de la enfermedad.
Según el principio de Bürgi, la adición de los medicamentos homeopáticos inyectables adecuados a cada caso intensifica todavía más el efecto de la sangre potenciada. Por ello, en el método de la terapia “auto-sanguis” en fase se ha mostrado favorable administrar la sangre potenciada del paciente junto con los medicamentos homeopáticos en ampollas indicados en el tratamiento de cada patología específica.
En resumen, con la terapia “auto-sanguis” en fases se ha de lograr una reacción frente a las homotoxinas exógenas y endógenas (incluyendo los catabólicos tóxicos de las células del propio organismo), propiciando la curación natura de las enfermedades crónicas.
También se han discutido otros mecanismos de acción que desempeñan un papel importante en la terapia “auto-sanguis” en fases, en particular el efecto inverso (en el sentido de la homeopatía) ejercido frente a autoanticuerpos y frente a reacciones antigeno-anticuerpo. Este efecto se debe al sistema del complemento de la sangre del paciente (efecto inverso del complemento), el cual es inyectado en diluciones ascendentes en las distintas fases de la terapia “auto-sanguis” (en la 4ª fase se alcanza un grado de potenciación de la sangre que corresponde aproximadamente a una dilución C4).
Lo anterior explicaría los efectos positivos de la terapia “auto-sanguis”, en fases que se observan habitualmente en las enfermedades auto inmunes, en el sentido de una desensibilización o hiposensibilacion. No obstante, hay que decir que, hasta la fecha, no se dispone de grandes investigaciones científicas al respecto. Lo expuesto es la conclusión de reflexiones hipotéticas basadas en las observaciones positivas procedentes de la practica medica diaria..
Experiencias basadas en la práctica
La terapia “auto-sanguis” en fases de Reckeweg con medicamentos homeopáticos antihomotoxicos se ha mostrado especialmente eficaz en el tratamiento de los siguientes procesos:
- Latrogenia medicamentosa
- Infecciones víricas recidivantes
- Precancerosis.
- Lesiones hepáticas de origen toxico
- Migraña
- Eczema crónico
- Asma Bronquial
- Ulcera gastroduodenal
- Artrosis
- Diátesis linfática o linfatismo.
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